
Superar un infarto supone un gran desafío físico y emocional. Una de las dudas más frecuentes tras recibir el alta médica es: ¿puedo volver a hacer ejercicio? La respuesta es sí, pero siempre bajo supervisión y con un plan adaptado a tu situación.
El reposo absoluto no es la mejor opción. La evidencia científica demuestra que los programas de rehabilitación cardiaca reducen el riesgo de nuevos eventos, mejoran la capacidad funcional y aumentan la calidad de vida.
El primer paso es realizar una valoración clínica completa:
Con estos datos, se diseña un plan progresivo que combina:
Ejercicio aeróbico (caminar, bicicleta estática, cinta).
Fuerza muscular con resistencias ligeras.
Ejercicios respiratorios para mejorar la oxigenación.
Reducción de síntomas como la fatiga o la falta de aire.
Mejor control de la presión arterial y el azúcar.
Mayor resistencia física y confianza en el esfuerzo.
Menor riesgo de complicaciones a futuro.
Volver a moverte tras un infarto no solo es seguro, sino necesario. Eso sí, siempre con la guía de un equipo especializado en rehabilitación cardiopulmonar que adapte cada paso a tus necesidades.